“NO PODEMOS CALLAR, LO QUE HEMOS VISTO Y OÍDO”

By Equipo Editorial Uncategorized 1 comentario en “NO PODEMOS CALLAR, LO QUE HEMOS VISTO Y OÍDO”

¡EN LA FAMILIA ES DONDE FLORECEN LAS VOCACIONES!

Escribir sobre la patrona de las misiones Santa Teresa de Lisieux, fiesta que hemos celebrado el 1 de octubre (1873-1897), con ella hemos iniciado el mes dedicado “a las misiones”, es un gran reto, porque a pesar de vivir 23 años, hay tanta riqueza en su vida familiar, espiritual y misionera que trataremos de presentar algunos rasgos que puedan servir para imitarla como un modelo para nuestra vida cristiana.

Una mujer que nace en una familia cristiana, sus padres fueron Luis Martín y Celia Guerin, quienes le ayudaron a encontrar los modelos en quién inspirarse, la educación en la fe y donde se cultivan el florecimiento de las vocaciones, a pesar que a los 4 años pierde a su mamá. En su casa encontró una fe sólida, ve a Dios en cada acontecimiento y le rinde un culto permanente: oración en familia, misas matutinas, comuniones frecuentes (raras en esta época), vísperas dominicales, retiros, una vida espiritual que la ayudará en su llamado a la vida religiosa, a tener una pasión por la Eucaristía, cuando recibió su Primera Comunión sintió que fue “el dulce primer beso de Jesús a mi alma”.

Entra al Monasterio a los 15 años, Carmelita Descalza, una religiosa sin títulos académicos, ni experiencias misioneras, marcada por el amor de Dios, que la envolvió toda su vida (amor: una palabra manoseada por el mundo de hoy). Jesús le fue mostrando cómo ir viviendo su vocación, practicando con valentía el mandamiento del amor (Jn 15,12), para meterse en el mismo corazón de la misión de la Iglesia y de sus misioneros, a través de la oración permanente y la comunión con todos los anunciadores de la Buena Noticia de la Salvación.

Teresa de Lisieux se convirtió en una mujer de oración, su familia sabía orar, el ambiente familiar hizo en ella un modelo a seguir, lo que la hace una maestra, amante de la Palabra de Dios, de la que se va nutriendo día con día, recorrió su camino con pequeñez, pobreza y sencillez.

Es famosa por sus muchas frases con una gran profundidad como “sólo tengo el día para amar…………¨”   Nos acerca a vivir la experiencia de amar, a pesar de las dificultades y enfermedades podemos ver en ella el ardor de su amor por el prójimo. Su deseo fue siempre ir a los campos de misión, pero una enfermedad le privó de ese sueño, sin tocar un minuto las tierras misioneras, nos hace ver cómo el ser obediente a la propia misión y vocación, la hacen dedicar el resto de su vida a la oración por la misión de nuestra Iglesia. Que su testimonio de vida, nos impulse a “si amamos, estaremos capacitados para la misión”, en la familia, en la Parroquia y en nuestra vida cotidiana.  Que la oración cotidiana nos ayude a encontrarnos con el rostro de Dios, al que Teresa le llamaba con su palabra preferida “¡Papá, buen Dios” (Abbá)!

Por: Manuel Acevedo | Misionero Laico | Instagram: @elticoacevedo

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One comment
  • Carmen
    Posted on octubre 2, 2021 at 7:08 pm

    Una modelo de hija, de religiosa, de cristiana…. Que mas podemos pedir para imitar sus acciones de amor en este tiempo que necesitamos tanto ejemplos de vida cristiana…..

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