JESÚS PAN Y VIDA

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Por: Manuel Acevedo / Tiempo de lectura: 3 minutos

En este mes, marcado por la IX Jornada Mundial de los Pobres, creada por el Papa Francisco, la Iglesia nos recuerda con fuerza que “Tú, Señor, eres mi esperanza” (Sal 71,5). Una esperanza que no es teoría ni deseo, sino gesto concreto, rostro cercano y manos que se abren.  En nuestra parroquia, esa esperanza tiene nombre y rostro: “Comedor Jesús Pan y Vida”.

1.-SERVIR A LOS MÁS PEQUEÑOS: EL CORAZÓN DEL EVANGELIO

Para la Iglesia Católica, el servicio a los pobres no es una opción secundaria, ni una obra social más: es una exigencia del Evangelio, un pilar de la fe y una expresión de la auténtica vida cristiana.  Los pobres están en el centro del corazón de Cristo, y por ello, deben estar en el centro del corazón de la Iglesia.

El Papa Francisco lo expresó con claridad en cada Jornada Mundial de los Pobres:
no basta “sentir lástima”, es necesario “hacerse cercano”, “tocar la carne de Cristo” y “levantarse con Él” para restaurar la dignidad del hermano.

2.-SERVIR EN LA REALIDAD COTIDIANA

Cada sábado, sin importar la fecha, entre 15 y 25 voluntarios se levantan muy temprano para acompañar, servir y escuchar a los hermanos que llegan buscando más que alimento: buscan dignidad, escucha, compañía y un rayo de luz en medio de la dureza de la vida.

Son entre 30 y 36 señores que, tras un proceso cuidadoso con trabajadoras sociales, se integran a este espacio de acogida.  Algunos duermen en el dormitorio, otros no, pero todos encuentran algo que no se mide en números: una familia que los espera.

A las 7:00 a.m. abrimos las puertas del corazón y de la parroquia.  Servimos desayuno con alegría, compartimos una palabra de aliento, entregamos almuerzos para llevar y, cuando Dios provee, también artículos de higiene personal. Lo hacemos porque creemos en un Evangelio que se cocina, se sirve y se comparte.

La necesidad es grande… y entre más manos tengamos, mejor.  Más donantes, más corazones, más hermanos dispuestos a sostener esta obra de misericordia que no es sólo un proyecto social… es el rostro vivo de Cristo que se hace alimento.

Pero esta misión necesita de toda la parroquia, no es de unos cuantos.  La solidaridad no es tarea de unos pocos: es un llamado a toda la comunidad, a todos los bautizados, a todos los que creen en un Dios que multiplica cuando compartimos.

 

3.- ¿POR QUÉ NUESTRA SOLIDARIDAD CRISTIANA ES ESPERANZA PARA ELLOS?

  • Porque un plato de comida dice: “tu vida vale, no estás solo.”
  • Porque un gesto fraterno sana heridas invisibles.
  • Porque un sábado de servicio se convierte en un sábado de salvación para alguien.
  • Porque cuando damos, multiplicamos la esperanza que Dios ya ha sembrado en el corazón humano.

4.- ¿CÓMO PUEDES UNIRTE Y SER AGENTE DE ESPERANZA?

  • Donando alimentos o artículos de aseo.
  • Aportando tu tiempo un sábado al mes.
  • Apoyando con oración y difusión en redes.

Para formar parte de este gesto de amor y solidaridad, puedes escribirnos al correo: secretaria@icatolicaguadalupe.org

Que, en este mes de la Jornada Mundial de los Pobres, nuestra parroquia viva y anuncie esta verdad: la esperanza crece cuando se comparte. Y en manos cristianas, la solidaridad es su fruto más hermoso.

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