Por: Manuel Acevedo / Tiempo de lectura: 4 minutos
La Iglesia nos invita este mes a dedicarlo a la Biblia, siendo una ocasión privilegiada para redescubrir que la Palabra de Dios es vida, alimento y fuerza para el cristiano. No es un libro cualquiera, es la voz misma de Dios que nos habla hoy. Cuando la acogemos con fe, la Palabra se convierte en luz para nuestras decisiones, esperanza en las pruebas y alegría en la vida cotidiana.
1. La familia: primera escuela de la Palabra
La familia es llamada “Iglesia doméstica” porque allí nace la fe. Si la catequesis se alimenta de la Biblia, mucho más la familia, que es el primer espacio donde se transmite la fe de generación en generación.
Moisés lo recordaba al pueblo: “Graba en tu corazón estas palabras… y repítelas a tus hijos” (Dt 6,6-7). Cuando una familia saca el tiempo y se sienta junta a leer el Evangelio, aunque sea unos minutos, está construyendo su casa sobre roca firme (Mt 7,24).
El testimonio de los padres producto de la lectura de la Palabra de Dios, hace que los hijos aprenden más del ejemplo que de los discursos. Si ven a sus padres leer la Biblia con amor, ellos también lo harán. La mejor catequesis que un padre o madre puede dar es mostrar que la Palabra es guía para tomar decisiones y fuerza en los momentos difíciles.
La Biblia puede estar abierta en el hogar como signo de que Dios está presente en medio de la vida cotidiana. No se trata de grandes discursos, sino de gestos sencillos: leer un salmo antes de dormir, rezar con el Evangelio del día o del domingo, escoger de allí un versículo como lema de la semana. Estas pequeñas semillas con el tiempo, florecen en los corazones suyos y de sus hijos.
2. La catequesis nace de la Palabra
Toda catequesis tiene como punto de partida y de llegada a Jesucristo, y Él se nos revela en la Sagrada Escritura. Como dice San Pablo: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para corregir y para instruir en la justicia” (2 Tim 3,16).
La catequesis no es solo una enseñanza fría, pasajera de uno o dos años, es una iniciación a un encuentro vivo con Jesucristo. Ese encuentro se da a través de la Palabra proclamada, escuchada y meditada. Jesús enseñaba con las Escrituras en mano: explicaba la Ley y los Profetas para mostrar su cumplimiento en Él. Así, la catequesis continúa el método de Jesús: anunciar con la Biblia y desde la Biblia.
El catequista no transmite ideas personales, sino la verdad del Evangelio que ha transformado su vida y el Magisterio de la Iglesia. Por eso, en cada encuentro de catequesis, éstos son encuentros y no lecciones. La Biblia no puede faltar: se proclama, se explica y se aplica a la vida de los niños, jóvenes y adultos. En ella descubrimos que Dios no es un concepto abstracto, sino un Padre cercano que entra en nuestra historia y nos habla, nos guía y nos ama.
3. La comunidad parroquial: familia que escucha la Palabra
La parroquia es la gran familia de familias. Cuando nos reunimos en torno a la Biblia en la Misa, en un grupo de oración o en la catequesis, reconocemos que el Señor sigue caminando con nosotros, como en Emaús (Lc 24,13-35).
Por eso, poner la Palabra en el centro de la vida parroquial es clave para que todos: niños, jóvenes, adultos y ancianos podamos crecer en la misma fe. No se trata sólo de conocer más la Biblia, sino de dejarnos transformar por ella.
Conclusión
Decir que la Biblia es el corazón de la catequesis y de la vida familiar es afirmar que sin ella no hay auténtica transmisión de la fe. La Palabra de Dios es alimento que nutre, fuego que enciende, semilla que fecunda y camino que orienta.
Que este Mes de la Biblia y TODOS los meses del año nos anime a hacerla compañera de camino en nuestras familias y catequesis, para que cada hogar sea una pequeña comunidad de discípulos misioneros que caminan iluminados por la Palabra de Vida.
4.- “VENGO A MISA COMO SE MERECE”.
Continuamos nuestras catequesis sobre la Eucarística que buscan el fortalecimiento de nuestra participación en la vivencia de ella, hoy les ofrecemos el tercer video del P. Manuel Anselmo Díaz que toca tres temas muy importantes:
1. Un presbítero «in Christ» actúa en la persona y la autoridad de Cristo al administrar los sacramentos, es decir, es Cristo mismo quien actúa a través de él que se convierte en un instrumento por el cual Cristo celebra los sacramentos y ejerce su ministerio.
2. La transustanciación durante la Eucaristía, del pan y el vino que se convierten en el cuerpo y la sangre de Jesucristo. Este cambio de «sustancia» ocurre en la consagración, mediante la Plegaria Eucarística y la acción del Espíritu Santo a través de la imposición de las manos.
3. Los Ministros Extraordinarios de la Comunión son laicos: hombres o mujeres, elegidos por el párroco, que ayudan a distribuir la Sagrada Comunión cuando hay necesidad, por el gran número de fieles o por otras necesidades. Deben estar debidamente formados, vivir en gracia de Dios, y actuar con gran reverencia hacia la Eucaristía.